Tengo una amiga esperando el momento perfecto para casarse. Otra para tener un hijo. Y yo llevo meses esperando comprarme ese bolso que veo cada vez que paso por Velázquez. Lo curioso es que el momento perfecto nunca parece llegar.

Tengo una amiga esperando el momento perfecto para casarse. Otra para tener un hijo. Y yo llevo meses esperando comprarme ese bolso que veo cada vez que paso por Velázquez. Lo curioso es que el momento perfecto nunca parece llegar.

Tengo una amiga que lleva años esperando el momento perfecto para casarse.

Otra para tener un hijo.

Otra para cambiar de trabajo.

Y yo llevo meses esperando comprarme ese bolso que veo cada vez que paso por la calle Velázquez.

Supongo que todas tenemos algo.

Algo que dejamos para después.

Cuando tenga más estabilidad.

Cuando tenga más dinero.

Cuando esté más segura.

Cuando sea el momento.

Lo curioso es que nadie sabe cuándo llega ese momento.

Porque la vida tiene una costumbre horrible.

Sigue avanzando mientras esperamos.

Hace poco pensaba en esto mientras paseaba.

Vi a una pareja saliendo de una joyería.

Ella sonreía.

Él también.

Y durante unos segundos imaginé la conversación.

Quizá acababan de elegir un anillo.

Quizá llevaban meses dudando.

Quizá estaban esperando el momento perfecto.

Y de repente decidieron dejar de esperar.

Me gusta pensar que muchas de las decisiones importantes de nuestra vida ocurren así.

No porque todo esté perfecto.

Sino porque un día te cansas de esperar.

Porque nunca parece el mejor momento para tener un hijo.

Ni para cambiar de trabajo.

Ni para mudarte.

Ni para enamorarte.

Ni para empezar algo nuevo.

Y, sin embargo, las mejores cosas suelen empezar exactamente así.

En medio del caos.

En medio de las dudas.

En medio de una vida que todavía no está terminada.

Por eso me hacen gracia las joyas que algunas personas guardan para ocasiones especiales.

¿Y si la ocasión especial fuera esta?

¿Y si fuera hoy?

En Sibela Studio vemos algo muy bonito.

Las joyas que más significado tienen rara vez coinciden con el día perfecto.

Coinciden con una decisión.

Con un sí.

Con un cambio.

Con un "voy a hacerlo igualmente".

Quizá por eso nunca he creído demasiado en el momento perfecto.

Creo más en las personas que se atreven.

Las que compran el billete.

Las que llaman.

Las que empiezan.

Las que se ponen sus pendientes favoritos un martes cualquiera.

Porque al final, cuando miramos atrás, casi nunca recordamos el momento perfecto.

Recordamos el momento en que nos decidimos.

0 comments

Leave a comment