Ese reencuentro con una amiga que te recuerda quién eras

Ese reencuentro con una amiga que te recuerda quién eras

Vivimos lejos.

No necesariamente en kilómetros.
A veces en horarios.
En responsabilidades.
En agendas que nunca coinciden.

Entre trabajos, hijos, vuelos, mudanzas y “quedamos pronto”, los años pasan casi sin hacer ruido.

Y de repente un día ocurre.

Un café, un te, un macha que esta tan de moda ahora, por fin se concreta.
Una comida que se alarga más de lo previsto.
Una mirada que no necesita explicación.

Hay amistades que no necesitan mantenimiento diario.
Solo necesitan verdad.

Cuando nos sentamos frente a frente, no hablamos de lo evidente.
No hicimos recuento de años ni de ausencias.

Hablamos como si no hubiera pasado el tiempo.
Y, sin embargo, éramos completamente distintas.

Más calmadas.
Más seguras.
Más conscientes.

Mientras hablaba, noté algo curioso.

Miré mi mano.

Llevaba el anillo Tess.

Una alianza cubierta de piedras blancas en talla circular, cada una sujeta por dos garras delicadas.
Un diseño limpio, continuo, sin interrupciones.

Siempre me ha parecido un anillo sencillo.
Básico incluso.

Pero ese día entendí que básico no significa pequeño.

Significa esencial.

Hay joyas que no buscan protagonismo.
Acompañan.

El anillo Tess tiene algo de eso.
Es atemporal. No depende de la tendencia.
Funciona con todo. No compite con nada.

Como ciertas amistades.

Nos reímos recordando quiénes fuimos.
Las decisiones impulsivas.
Los amores mal elegidos.
Los sueños que cambiaron de forma.

Y en medio de todo eso, me di cuenta de que crecer no es dejar atrás.
Es integrar.

No somos las mismas.
Pero tampoco hemos dejado de serlo.

La vida adulta es difícil de coordinar.
Es difícil coincidir.
Es difícil sostener.

Pero cuando algo es verdadero, no necesita frecuencia.
Necesita raíz.

Quizá por eso me gustan las alianzas completas de piedras blancas.
Porque no hay principio ni final visible.
Solo continuidad.

Ese día no hubo fotos perfectas.
No hubo brindis oficiales.

Solo dos mujeres que ya no buscan demostrarse nada.

Y un anillo que no prometía eternidad.
Pero sí permanencia.

A veces la nostalgia no es tristeza.
Es confirmación.

Confirmación de que lo que fue importante…
sigue siéndolo.

Y que algunas cosas, como ciertas amistades
o ciertos anillos,
no pasan de moda. 

0 comentarios

Dejar un comentario