Las personas que siempre llegan tarde

Las personas que siempre llegan tarde

El otro día estaba sentada en una terraza esperando a una amiga.

Otra vez.

La camarera ya había pasado dos veces.

Yo ya había mirado el móvil cuatro.

Y mi amiga seguía sin aparecer.

Lo curioso es que no estaba enfadada.

Porque cuando alguien lleva veinte años llegando tarde, deja de ser un retraso y se convierte en parte de su personalidad.

Mientras esperaba empecé a observar a la gente.

Hay pocas cosas más entretenidas.

Una pareja discutiendo por dónde ir a cenar.

Dos amigas enseñándose fotos de las vacaciones.

Una mujer que parecía llegar con prisa a todas partes.

Y entonces pensé algo.

Quizá todos llegamos tarde a algo.

A una llamada.

A una decisión.

A una conversación.

O a una terraza donde alguien nos está esperando.

Y justo cuando estaba pensando en eso, miré el reloj.

Y me di cuenta de algo peor.

Yo tampoco era precisamente puntual.

Porque si mi amiga siempre llega tarde a las cenas, yo siempre llego tarde por culpa del joyero.

La ropa la tengo decidida.

El bolso también.

Pero luego aparecen los pendientes.

Los anillos.

Las dudas.

Y cinco minutos antes de salir de casa sigo preguntándome si hoy soy más de Albo, de Medusa o de Dracenas.

En Sibela Studio siempre decimos que una joya es lo último que te pones.

Y quizá por eso termina siendo lo que más habla de ti.

Mi amiga llegó veinte minutos tarde.

Yo probablemente habría llegado quince.

Y al final nos reímos de lo mismo.

Porque algunas personas nunca llegan a tiempo.

Y algunas decisiones, tampoco.

Pero suelen ser las historias que más merecen la pena.

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