La escena que parecía una foto antigua

La escena que parecía una foto antigua

Hay tardes de verano que parecen un recuerdo incluso mientras las estás viviendo.

No sé explicarlo mejor.

Vas caminando.

La luz es distinta.

Las terrazas están llenas.

Y durante unos segundos todo parece una fotografía.

Eso me pasó hace unos días.

Salía de la oficina.

Sin prisa.

Con esa sensación tan rara de junio, cuando el día todavía no ha terminado pero ya no tienes ganas de volver a trabajar.

Iba caminando cuando vi a tres amigas sentadas en una terraza.

Riéndose.

Hablando todas a la vez.

Quitándose la palabra unas a otras.

Como si llevaran haciéndolo toda la vida.

Y entonces me fijé en una de ellas.

Llevaba unos pendientes Albo.

La luz se reflejaba constantemente en ellos.

Y pensé algo.

Dentro de diez años alguien verá una foto de ese momento y querrá volver a él.

Porque las amigas también son eso.

Una colección de momentos que no sabes que estás guardando.

Hasta que pasa el tiempo.

Y los echas de menos.

Seguí caminando.

Y entonces recordé algo.

Aquella noche tenía una fiesta.

Y en el bolso llevaba tres pares de pendientes porque todavía no había decidido cuáles ponerme.

Los Pendientes Ice.

Los Pendientes Medusa.

Y los Pendientes Dracenas.

Muy normal por mi parte.

Porque elegir pendientes suele llevarme más tiempo que elegir la ropa.

Me paré.

Miré otra vez a las tres amigas.

Y sin pensarlo demasiado me acerqué.

Les dije:

Que me había gustado verlas juntas.

Y que probablemente nunca volvería a encontrármelas.

Saqué los pendientes del bolso.

Y les regalé un par a cada una.

Así.

Sin más.

Todavía recuerdo sus caras.

La sorpresa.

La risa.

Las preguntas. Pero una de ellas sabia por donde venia... 

Y esa sensación maravillosa que aparece cuando haces algo impulsivo y, por una vez, sale bien.

Seguí caminando.

Y durante el resto del trayecto pensé en algo.

Las joyas tienen fama de acompañar momentos importantes.

Pedidas.

Bodas.

Aniversarios.

Pero a veces aparecen en historias mucho más pequeñas.

Una terraza.

Tres amigas.

Una tarde cualquiera.

Y quizá por eso son las historias que más me gustan.

Porque cuando pienso en aquella escena no recuerdo los pendientes.

Recuerdo a las amigas.

La luz.

La terraza.

Y la sensación de haber estado delante de un recuerdo antes de que existiera.

0 commenti

Lascia un commento