Tengo una carpeta en el móvil que no enseño a nadie.
No está ordenada.
No está pensada.
No tiene filtro.
Pero es, probablemente, la que más me gusta.
No son las fotos perfectas.
No son las del vestido impecable ni las del momento justo.
Son otras.
Una risa a medias.
Una mirada que no sabías que alguien estaba captando.
Un gesto raro que, sin querer, dice más que cualquier pose.
Son esas fotos que no subes.
Porque no encajan.
Porque no son “bonitas” en el sentido clásico.
Porque no están pensadas para gustar.
Pero hay algo más.
Siempre hay alguien que las hace.
Esa persona que nunca sale.
Que no aparece en las fotos.
Que está detrás, sin hacer ruido.
Y, sin embargo, gracias a ella, tienes recuerdos.
De los de verdad.
De los que no sabías que estaban ocurriendo.
El otro día encontré una.
Ni recuerdo cuándo la hicieron.
Estaba sentada, hablando con alguien, con el pelo medio recogido y sin prestar atención.
Nada especial.
Hasta que me fijé.
Llevaba unos pendientes.
No eran protagonistas.
No estaban colocados para la foto.
Pero estaban.
Y eso es lo que me gustó.
Hay joyas que eliges para una imagen.
Y hay joyas que eliges para vivir.
Las que llevas sin pensar.
Las que ya forman parte de ti.
Las que no necesitan un momento concreto.
En Sibela Studio pensamos mucho en eso.
En piezas que no dependan de la pose.
Que funcionen cuando no estás mirando.
Cuando no estás pendiente de cómo sales.
Porque ahí es donde está la verdad.
Las fotos que no subes son las que cuentan quién eres.
Sin esfuerzo.
Sin intención.
Sin filtro.
Y quizá las joyas más bonitas son esas que aparecen ahí.
Sin buscarlo.
Sin pensarlo.
Las que no están hechas para una foto.
Pero acaban siendo parte de todas.
Y también, en el fondo, son un pequeño homenaje.
A esa persona que nunca sale…
pero gracias a la cual tienes los recuerdos más bonitos.
Porque al final no se trata de salir perfecta.
Se trata de tener algo que recordar.
Y reconocerte en ello.
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